domingo, 8 de abril de 2012

El conquistador de lo inútil

Es casi las cinco de la mañana cuando suena el despertador y él se levanta a conquistar lo inútil. Del otro lado de la cama, un suspiro de incomprensión le recuerda no hacer mucha bulla, pues los chicos -junto con el otro 95% de la humanidad- están todavía durmiendo.

Se levanta, se viste en el baño y sale a oscuras -con las manos por delante para no chocarse con nada- rumbo a la calle. Una vez afuera, estira las piernas mira el reloj y pone un pie delante del otro y luego el otro adelante nuevamente y así sucesivamente, por los proximos 2 kilometros (o tres, o cinco o diez). No hay frio que lo detenga, ni perro de la calle que lo asuste. El corre. Y corre (casi) todos los dias. Y regresa luego de una hora (o dos, o cinco) tratando de comentar que le ha rebajado dos minutos a su marca anterior. Ella lo oye sin escuchar y no entiende que lo motiva a salir tan temprano, sin importar el dia de la semana, la estación del año o que hayan hecho la víspera.

Todos los hemos visto. Algunos de regreso de una juerga mientras manejabamos a casa los hemos odiado un poquito, pues su tenacidad y constancia, su afán por el deporte, su vocación por el ejercicio nos hacen sentir un poco de vergüeza de nuestra falta de disciplina, de esa talla de pantalón que hemos aumentado. Otros los hemos visto mas de cerca pues hemos intentado hacer lo mismo,  tropezando nuestros pasos con la primera excusa (hoy no puedo,tengo reunión muy temprano en la mañana; anoche me quedé hasta tarde revisando una chamba pendiente). Otros los hemos visto al salir a trabajar muy temprano y pensado "Quien como este, yo chambeando y el haciendo deporte, si tuviera mas tiempo, yo también estaría corriendo". Mentira, si tuevieras mas tiempo, hubieras parado a comprarte un pan con chicharrón.

Otros los vemos fuera de su habitat de asfalto: en una comida, donde es el único que cuenta -a escondidas- las calorias que va a comer. Y nosotros: "Hombre déjate de mariconadas, que te va a hacer otro slice de pizza, además, tu no sales a correr todas las mañanas? dale hombre tómate otra cerveza" y ellos sonrién sin responder y no le entran ni a la pizza ni a la cerveza ofrecida.

Son los conquistadores de lo inútil, se levantan a las cinco de la mañana, salen a correr, se emocionan pues rebajaron un minuto su última marca. Nadie los entiende, tienen zapatillas para cada estación del año, para cada tipo de superficie, saben como alimentarse, cuando tomarse esa chelita, viven su pasión casi a escondidas porque son muy pocos los que encuentran sentido a ese tipo de esfuerzo. La pareja no los termina de entender, la despiertan al salir, le comentan al volver que hoy se sintieron cansados cuando iban tres cuartos del recorrido y ella piensa "y si estabas tan cansado, por que no te regresaste mas temprano?, asi ayudabas con los chicos". Pero ellos (y ellas) lo mismo se entusiasman con la posibilidad de mejorar otro minuto, de correr otro kilometro.

Algunos pensamos que esos locos que corren estan preparandose para una competencia. No nos damos cuenta que viven compitiendo. Compiten contra si mismos, contra sus debilidades, contra las ganas de quedarse en la cama, de volverse mas pronto, de hacer del primer dolorcito una excusa para no volver a correr esa semana. Y le ganan. Y le vuelven a ganar, porque al dia siguiente lo mismo se van a levantar, porque aunque afuera haga mucho frio, se pondrán mas ropa, pero no dejarán de correr; aunque ayer fué cumpleaños de fulanito y se quedaron hasta tarde, hoy lo mismo se despiertarán y saldrán a correr y si hay que ir a trabajar mas temprano, pues saldrán a correr mas temprano tambien ...pero saldrán.

Otros pensamos que no tiene mucha gracia hacer un deporte donde al final no hay un ganador. Y nos equivocamos, porque en realidad lo que no hay, es un perdedor. En toda maratón hay un ganador, es cierto, pero no hay ningún perdedor. Porque correr 42 kilometros (y 195 metros) no es tarea para perdedores. Y aunque algunos nunca hayamos corrido una y otros solo lo hayan hecho una vez, levantarse cada mañana y correr la distancia que fuera, vence todas nuestras debilidades, nos hace ganadores sobre nuestra propia pereza ...aunque de afuera parezca que es una conquista inútil.

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